lunes, 18 de octubre de 2010

ENSAYOS

LA VERDADERA PRIVACIÓN DE LA LIBERTAD
Cuando era niña ni siquiera imaginé entrar en una cárcel, mis padres contestaban mi pregunta con un gesto de repulsión diciéndome que en ese lugar estaba gente mala que ha hecho daño a la sociedad y que merecían estar en ese lugar, y crecí con esa mentalidad creyendo que en una cárcel están todas las personas más perversas de la humanidad.

Hoy por hoy que fui privada de mi libertad puedo afirmar que al menos estar en la cárcel no es un centro de rehabilitación, aquí encontré toda clase de situaciones que perturban a un ser humano normal; sin duda se preguntarán de que situaciones perturbadoras menciono, el solo hecho de convivir tantas personas con distintas personalidades, hace que exista una constante competencia por un status social económico, en el cual, cada una lucha por verse mejor que otra, ostentando la mejor ropa, los mejores accesorios, en fin, una lucha por ganar de alguna forma respeto; otra situación es el constante nerviosismo por la inseguridad que existe, cuando hay peleas entre reclusas o la impotencia de protestar cuando algo nos parece mal, ya que estamos sometidas a una “disciplina” donde la libertad de expresión queda reducida a un rumor entre compañeras de grupo por el miedo a tener represión, por algunas internas, que creen que por cometer más delitos son más temibles o si esta libertad de expresión que sugiere un comentario dirigido a la administración, no siempre es escuchado o simplemente es reprimido.

Una persona privada de libertad no solo pierde el privilegio de andar tranquila por la calle, también pierde la dignidad, pues, desde el momento en que somos detenidos dejamos de ser personas y pasamos a ser lacras de la humanidad, y nos someten a múltiples humillaciones que no merecemos, nuestra integridad no es respetada, ya que, no somos tratadas como sospechosas, sino que, desde el principio como culpables, y esto se debe a que, muchas veces el deporte favorito de nuestras autoridades es juzgar y condenar a la gente con un mínimo de datos; sin embargo, menciono con mucha angustia que mucha gente que ha recibido condenas las han pagado, pues, por su delito cometido tienen que pagar una pena, pero me incomoda que el mayor mal de nuestra sociedad es la corrupción, ya que, la cárcel en su mayoría está ocupada por gente que no tuvo dinero para pagar un abogado con amigos influyentes en las cortes.
Finalmente, pienso que, aún no es tarde; la mayoría de seres humanos estamos a tiempo de rectificar, existe una esperanza, una luz en el camino, el único precio a pagar es el de aceptar hacer las cosas de otra forma, siendo: íntegra, leal, ética y honesta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario